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Mostrando las entradas de mayo, 2019

Rutina.

La mañana está gris. La llovizna ya lleva tres interminables días ensuciándolo todo; los zapatos están embarrados, las camisas húmedas y hasta el café pareciera que se enfría más rápido. Camina las calles largas y alcanza en la avenida el pleno alboroto de los transeúntes que corren para llegar a tiempo y cumplir obligaciones. Está angustiado, hay demasiadas cosas para hacer y el tiempo no alcanza. Piensa que debería haber tenido en cuenta el consejo de su amigo, pero ya es tarde. Ahora está parado en la vereda de enfrente, tiene el ceño fruncido, pero no piensa, está esperando. Como casi todas las mañanas ha llegado demasiado tarde para un coche y ahí está esperando el segundo. Tardará unos veinte minutos, calcula. El sol empieza a calentar el asfalto y se da cuenta de que quizás deba quitarse el abrigo. Se acomoda los lentes que se le resbalan por la fina y no tan larga nariz. Mientras espera se peina con una mano y mira los coches que desfilan yendo y viniendo por los c...