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Mostrando las entradas de junio, 2019

Margarita.

   ¡Ay, Margarita, Margarita la tonta!    Están los pasillos plagados de cuchicheos y apretones de manos, de alumnos asustados que salen de un examen, de ingresantes inquietos y de alumnos eternos. Y de entre todos ellos, se abre un camino, los estudiantes se apartan, la esquivan recelosos, con miedo de trabar conversación con esa mujer. Esa mujer camina sin darse cuenta de todas las miradas y de todos los susurros.    Margarita se llama, tiene el paso rústico, calmado y somnoliento. Los párpados caídos le dan un aire de modorra que nunca se quita. Es difícil verla sonreír, casi nunca, ni siquiera cuando merece ser feliz. El ronroneo de sus zapatos bajos con tacón de goma y su voz quisquillosa alteran a cualquiera y despierta las risas de las chicas y muchachos que la oyen hablar. Ay, Margarita.    Los pasillos dicen en voz alta, sin ninguna culpa, que llegó hace muchos años. Para quedarse. Los más nuevos la miran, casi no la registran, y lo...

Abrazar a Federico.

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   Y la semana empezó sin más afano de lo que terminó el fin de semana. El lunes Corrientes amaneció como si nada perturbara la costumbre y acomodó sus hombros a los comentarios comunes de todos los días. La mañana somnolienta tardó muy poco en terminarse y después del mediodía los ojos se resignaban a tratar de seguirle la pisada a un profesor que esperaba demasiado de todos nosotros. Los ojos azules y penetrantes no conseguían transmitir ni un poco de la felicidad que embargaba a su propietario. A las dos horas, los bancos eran incómodos catres donde se repantigaban todos los que aún no se habían ido.    Volví a casa y las escaleras se llevaron la poca energía que me quedaba. Salté por encima de las plantas que había olvidado en el umbral, y desde el sillón Ogi me reclamó atención y comida. Federico García Lorca.    Bajé a la calle otra vez, atravesé la ciudad con un temblor en la voz y las manos frías, sintiendo como se caían a pedazos sobre la v...

Los mundanos. Otra novela de m*erda.

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   Los mundanos, una comedia que hace reír al público con todos los clichés propios de las telenovelas latinoamericanas, mientras da cuenta del nuevo talento que está haciendo en la escena local.    Son cinco actores los que dan vida a los diferentes personajes de una trama sencilla y harto conocida: la pobre que se vuelve rica, los saltos entre la desgracia y la bonanza de la vida -sin criterios lógicos más que el de extender por unos capítulos más una exitosa fórmula televisiva-, el amor desmesurado que nace de una sonrisa casual, el encuentro y reencuentro. El amor y el desamor. Todos estos son los recursos que Jonatan Gonzalez pone en juego en esta propuesta.    Un juego de luces que cumple a rajatabla su función correcta, y el desempeño actoral que consigue, en la justa medida, la complicidad y la carcajada de una platea que se aprieta las manos para no aplaudir al final de cada parlamento.    El vestuario, ciertamente alegre, aporta ...