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Mostrando las entradas de noviembre, 2019

Martes.

   Corrientes es una ciudad amarga, de sol incandescente y con cliché de noche romántica a la orilla del río con la luna mirando en todos los rincones. Las buenas damas hacen taconeos molestos sobre el macalam viejo y ocupan las mesas largas de los restaurantes caros. Así es Corrientes, todo está adjetivado, no hay lugar para la pobreza de corazón. Acá los únicos pobres son los que abandona dios (que sólo por hoy no se sabe quién es), los que deja bajo la lluvia en un día como hoy, donde el calor respira hondo para volver a soplar con fuerza sobre nuestro techo.    Del otro lado de la ventana el cielo es azul y se recorta la figura del albañil que encima ladrillos para alcanzar el mar de las alturas.  Abro los postigos y el jazmín del aromatizador se mezcla con la salsa del vecino que me distrae del ruido de coches detrás de la avenida.   La primera vez que vi tu foto tenías el pelo largo peinado con las manos, y unos mechones apenas mojados delat...

Me hicieron hablar de convergencia.

Delimitando (no tan) nuevos conceptos: la convergencia como práctica socio cultural y espacio de intereses económicos. Delimiting new (or not) concepts: convergence as a social and cultural practice, and like a field of economics interests.    Resumen:    Aquí se plantea una aproximación a la conceptualización de convergencia , vista como confluencia tecnológica y técnica , como espacio de circulación de prácticas sociales y productos culturales creados por una industria o por cualquier agente social.    Se analiza de alguna manera como esta circulación de productos puede generar, no solo la interrelación de actores sociales, sino también un nuevo macro sector económico al que hay que empezar a darle su merecido espacio en la investigación teórica: la economía de la cultura .    Tratamos de dejar constancia de por qué –según el economista español, Ramón Zallo, y el americano estudioso de los medios de comunicación, Henry Jenkins– ...

De Sebastián y sebastianes

   La tarde se desmayaba lenta y cansada entre los árboles cenizos del verano, mojados en polvo y sal a la orilla del río. Sebastián bajó corriendo las escaleras, cruzó en dos pasos la cocina y se unió a la familia que lo esperaba en la puerta. Del otro lado de la calle la vecina gordinflona había apoyado la escoba contra un árbol y se acomodaba el pelo mientras los veía salir de la casa. Sebastián acomodó el último bolso, se apoltronó en el asiento de atrás y el coche arrancó la marcha cargada de ansiedad. Miró por el parabrisas y vió por última vez la casa que lo había visto crecer, sin pensar que se iba para no volver. Bajó la cabeza para que no le vean la cara y contuvo una lágrima nueva. La vida estaba empezando. ***    Pasaron cuatro años, Sebastián acaba de llegar de la calle. Llueve en la ciudad y parece domingo, un domingo de esos que son muerte y nostalgia en las ciudades grandes. Sebastián tiene el pelo más largo, la mirada más dura y se entretien...