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Mostrando las entradas de octubre, 2016

Cautivos.

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   1    Guadalupe Giménez tiene 21 años y una muestra fotográfica recién inaugurada en el Museo de Medios de Comunicación.     “Me corté el pelo”, le comentó días antes a un amigo en un viaje en colectivo. Sí, Guadalupe estaba lista para cumplir un sueño. Faltaban dos días para la inauguración de “Cautivos”, y eran días ajetreados para la estudiante de Artes Combinadas que empezaba su carrera profesional.     Con el reconocimiento y el cariño de compañeros y amigos, Guadalupe se animó a captar un tabú con su lente. Es que Cautivos no es una sencilla colección de paisajes o rostros sonrientes, Cautivos no es rutina, ciudades o ríos. Cautivos es sexo, intimidad, dominación, bondage. Cautivos es “detalle en la intimidad entregada”, dice el escritor y músico Alfredo Germignani.    Eran las 20.08 del martes y la ciudad estaba atestada de apremiantes pasos por las veredas del microcentro resistenciano. Guadalupe estaba al te...

Hablando de clásicos.

   A las 21.30 de un jueves Sala 88 abre las puertas, y Las Helenas, su sala mayor se empieza a llenar. El público cena y se apresta a disfrutar del desopilante show “Involución” que el grupo teatral Fulanos presenta hace ya siete años en los teatros y bares de la ciudad, y que en esta oportunidad reúne clásicos de la música.    El concepto Involución, como retroceso de un proceso lo podemos entender, aunque no se aplique estrictamente al show que nos propone Fulanos, que año tras año va mejorando no solo en calidad sino también en cantidad.    En las puertas están Magalí, la “Pombe” para los amigos, y Cielo Machuca, ambas alumnas del grupo Fulanos; están encargadas de recibir al público, chequear las entradas y ubicar a la gente en sus respectivas mesas.    El teatro es una fiesta, y la algarabía, los besos y abrazos están a la orden del día. Hugo Blotta y Zarina, los dueños de casa, aguardan detrás de su escritorio. An...

Fin de fiesta.

1    “¿Qué te pareció?”, pregunta la fotógrafa del evento, Guadalupe Giménez, al salir del Museo de Bellas Artes René Brusau. “No me gustó, tiene un abuso de recursos… Y además me parece que el público chaqueño no está preparado para este tipo de espectáculos”, contesta él. Claramente están hablando de “Hybris” (o La desmesura en la tragedia postraumática pop), la obra que cerró el 38º Encuentro y Fiesta Provincial del Teatro. Están en el 4to piso de la Casa de las Culturas a las 22 en punto. Es domingo, y actores, directores y dramaturgos chaqueños se amontonan en el pasillo a la espera de su turno para ocupar el ascensor. El nerviosismo es evidente: en una hora se sabrán los ganadores del festival, y la competencia tuvo grandes consagraciones.    2    Ya son las 20.30, hora de la función, pero el colectivo que transporta al público de un teatro al otro, todavía no llegó. “Es que se atrasa una y se atrasan todas”, explica una enérgica Julieta ...

El artesano.

   Joven y rubio, con el cabello rizado y rozándole los hombros, cuchichea con amigos. Él es feliz, o cree serlo, ¡que importa! Con sus manos y habilidad entrañable, teje pequeñas redes donde con tiempo y paciencia, encierra la charla del día y la oscura piedra.    Está sentado en la gramilla, mirando las piernas que cruzan, una tras otra. Pobre de quien no pueda ver pasar. Silba entre dientes, tiene los ojos brillosos, y yo lo miro desde lejos.     Cuando lo veo pienso en todos aquellos que desean /mos/ salir a recorrer el mundo; caminar por otras calles, que no son aquellas que nos han visto crecer. Las calles de nuestra joven, recién amanecida y esperanzada vida.    Salir un día, junto al camino apoyar los pies en el suelo, y dejarlos perseguirse entre ellos, sin control, sin apuro, como entretejiendo un romance. Ellos y el césped. Partir una tarde, justo cuando el sol está quemándote la nuca. Sentirlo caliente, solo, inmaculadamen...

Despedida en dos partes...

   Recuerdo aquel día como si apenas hubieran pasado unas horas, como si hubiera sido ayer. Y quizás fue ayer. Es difícil pensar en el tiempo.     Esa tarde lo había visto a Etche, se iba a morir. Lo encontré un poco desanimado, como si tuviera ganas de volver a su infancia. Quizás la cercanía a la muerte lo hacía pensar en los años pasados. Etche siempre tuvo que volver, pensaba yo; y recordaba su voz grave, tan amarga como una fruta verde, como su ausencia. Cada vez que hablábamos él se reía con nerviosismo, pero aún así conservaba una tranquilidad tan humana que me es difícil de olvidar.    En las rectas del asfalto el automóvil avanzaba iluminando la noche con las luces blancas y potentes de los faroles. A los costados de la ruta los árboles se alzaban altos y pequeños, de troncos gruesos o delgados, con ramas secas, con hojas nuevas. Cada uno de ellos me recordaba a un abrazo de Etche. La calzada era buena, no tenía casi imperfecciones y...

Sin terminar...

   -“No hay nada que hacer muchacho”- le dijo aquel día Don Julio.    El hecho de que le dijera “muchacho” y no “pibe” como lo hubiera hecho cualquier otra persona, revelaba, o al menos ayudaba a adivinar su edad. Porque lo cierto es que nadie supo, nunca ninguno de los muchachos del barrio, supo bien la edad de Don Julio o de su señora Doña Tita.    Ni siquiera cuando murió, no era algo que se pudiera andar preguntando en ese momento a su viuda. Aunque si es cierto que su sobrina Carmen anduvo averiguando cuánto dinero había dejado el finado.El caso es que él, a pesar del poco trato que tuvo con Don Julio, lo alcanzó a conocer bastante bien: siempre le pareció un viejo arisco, austero… tranquilo –no como Carmen, que después de pelearle hasta la última moneda a Doña Tita se fue para Italia con el segundo marido-. “Pobre Tita” decía la vecina de enfrente. “Pobre y boluda- le retrucaba otra- quedó casi en la miseria por esa sobrina sinvergüenza”. Pero b...

Probando.

Quiero conocerte. Quiero saber quien sos, que hay detrás de tu sonrisa detrás de tus abrazos fríos quiero saber porqué no vuelves a mirar cada vez que te vas quiero tener de vos la piedad el rencor y el adiós que no necesito. Necesito tener, como en aquellos días la sonrisa pegada contra el cristal del día yo no escribo poemas no tengo estilo ni prosa yo no puedo decirte más que el hola de siempre yo trato de saber porque no venís vos si cuando vos estás yo estoy viniendo siempre yo quiero saber de todos los secretos del mundo /bueno, quizás no todos juntos/ pero más los anhelo, si vos me los contas. Yo quiero, siempre y cuando quieras vos también, un poco de tu mundo, un poco para dos. Vamos a imaginarnos que somos estos dos que están juntos acá escribiendo un destino mirando cara a cara la vida que se viene Vamos a suponernos que vos no te callás los secretos amargos y que yo no me animo a escaparme de nuevo Vamos a esperar que el destino nos devuelva juntos