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Mostrando las entradas de noviembre, 2018

Te dije yo mi Lorca preferido.

    Y en la noche de noviembre te dije yo mi Lorca preferido bajo el cielo de Corrientes. alcé los ojos, te vi y en mi corazón sentí agujas estremecidas que me están abriendo heridas rojas como el alelí.*    Cuando uno tiene 20 años –o un poco más- es todo casi romántico, si es que se tiene tiempo para eso.    Nos vimos pocas veces. Como de vez en cuando, entre la gente y los gentíos tan comunes hoy en día, esos piden derechos, que reclaman de amor y de atención. Siempre nos vimos de lejos, pero nunca abrazamos el posible saludo. Pero una noche entre el calor de la Corrientes y la cerveza amiguera y amigable, apareció su mirada otra vez frente a mí. Y nos quedamos quietos un segundo, sin saber saludarnos. ***    Confundimos un poco a todos, como dice la costumbre, y entre algunos silencios y amores compartidos descubrimos que el otro era tan diferente como uno. Me cantó unos versos, discutimos gramática, sobre ...

La profesora de música.

   Se sienta en el piano y empieza a cantar como solo a él le puede pasar. Sus dedos son difíciles de seguir, sus manos delgadas no dejan de moverse nunca, ni siquiera cuando habla, y aún así no logran distraer mi atención de sus anteojos. "No debí pensar jamás en lograr tu corazón, y sin embargo te busqué hasta que un día te encontré y con mis besos te aturdí sin importarme que eras buena...", canta Fito Páez a Contursi, a su manera. Tan rock and roll, tan años 60, tan revolucionario, buscando la libertad.    Y después comienza a contar su vida, y yo comienzo a descubrir un hombre nuevo detrás de esos anteojos. Y de repente su boca se ríe y habla de su primer profesora de piano, "la señora Bustos". Ahí la risa es compartida entre él y yo.    Yo también tuve un profesora de música que se llamaba Bustos. La Mirian. La Mirian era una mujer grande en aquellos años -aún no había descubierto el término "vieja"-, después lo sabría; Mirian era vieja. Lisa...

Pobre, le costó la carrera.

   Ari Paluch. Un nombre más de los hombres que manejan los silencios de este mundo. Hace unas semanas salió a la luz una seguidilla de confesiones de víctimas de acoso sexual cometidas por diferentes hombres alrededor del mundo. Uno de ellos es el mítico místico –sí– que al parecer no le alcanza con solo el combustible espiritual.    Paluch, al igual que muchos de los hombres espirituales y feministas, no lo es tanto. El caso de Paluch cobra relevancia más por su acercamiento a las pantallas que por su indigno trato para con sus compañeras de trabajo. Ejemplifiquemos: traslademos una escena así a la puerta de una Facultad del interior del país, con alumnos y alumnas de diferentes partes del interior. Un ir y venir de piernas y de fotos, de piropos y guasadas, de clientelismo por parte de militantes y alumnas ingresantes –y no– asediadas. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué este acoso no tiene denuncia?    No digo en el momento- pero no la tiene ni...

Sobre fanáticos.

   El curita era franciscano, devoto. De aquellos que le susurran en el oído al señor los perdones que necesitan para sus pecados más mundanos. Y Dios los escucha. Dios siempre escucha a los hombres buenos. Después se olvida y no cumple, pero escucha.    Cuando llegó al templo, los muchachos ya lo estaban esperando, lo saludaron con amabilidad, como hace siempre la gente que no se conoce, pero se necesita. Como se saluda a Dios. Después él entró a la iglesia y fue directo a su oficina. Ellos lo esperaron en la vereda, inventaron alguna excusa para retrasarse y se quedaron mirando con recelo aquel lugar al que les enseñaron a no pertenecer.    La iglesia era alta, quizás el edificio más alto de la cuadra, y hasta parecía que era el único. Tenía, cuando uno vencía los prejuicios instalados en el momento, un aire inmaculado, casi santurrón, y sobre todo intimidante. El color blancuzco, medio agrio, ayudaba al sentimiento de rechazo, pero sin embargo, era u...

Recuerdo a mi abuela.

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   Hoy se cumplen tres años de la muerte de mi abuela. Facebook me lo recordó, sino no lo hubiese sabido. A veces me olvido la mucha gente que pasó por mi vida, incluso de mi abuela.     De mi abuela aprendí varias cosas, aunque me diese un poco de vergüenza reconocerlo después. Aprendí a escuchar a la gente, porque no parecía, pero cada vez que ella y yo estábamos solos, ella me paseaba por su casa grande y vieja y me contaba cada uno de sus secretos. De donde sacó esta planta, o aquel juego de ollas, o que nieto le había traído cada uno de los adornos que atesoraba, hasta con moños y papeles.     Mi abuela me contaba la historia de cada fotografía que había en su casa, y con los años las historias iban cambiando, cada día más bellas, mas fantásticas, o más irreales. Pero eran suyas, y yo se las creía.     Mi abuela me contó de sus flores tantas veces que yo me quise quedar con algunas cuando se murió. Armé con p...

Moro, Elvis y Ulises.

   Esta noche Ulises Camargo marcó una interesante y nueva página en el teatro chaqueño. El estreno de Moro y Elvis III, tuvo textos de su autoría que fueron puestos en la pausa y punto y coma perfectos por el grandilocuente y talentoso Diego Romero y la voz de Femaro, el hermoso y más versátil actor del teatro chaqueño actual.    Camargo esconde detrás de sus ojos terribles la habilidad del artesano que manipula el más difícil de los elementos: el lenguaje, y consigue así construcciones lingüísticas y gramaticales excepcionales que van aumentando la gracia de la situación hasta despuntar en la carcajada que corona el cuento bien construido.    Capaz de encontrar una historia rica de subjetividades y connotaciones varias allá donde otros solo verían un grotesco gesto espectacularizable que, aunque despierte risas, pasará al olvido antes del siguiente acto; Camargo -Camargo no, Ulises-, Ulises ha sido capaz, una vez más, de develar un mundo nuevo en...