Domingo en Corrientes.
Es domingo de muerte en Corrientes. La ciudad se recupera lenta y en silencio de la tormenta que desarmó árboles y el servicio eléctrico el día anterior. Los vecinos duermen la siesta larga de unas vacaciones que ya se terminan y dan paso a una nueva vorágine de cursadas, horarios complicados y trasnochadas de libros y mates amargos. Porque en Corrientes el mate amargo es un ritual, como mirar la luna sobre el Paraná. Inalterable. Inalterable es también el ritual de Ogi, cuando al verme sentado a la computadora me maulla pidiéndome un poco de atención, que siempre termina con ella en mi regazo apretando sus manitas pequeñas contra el borde de la mesa. De fondo Los Palmeras corean “báilame la suavecita, mírame y gózame. Que la cumbia es sabrosita si la bailas suavecita”. Ayer Corrientes volvió a llenarse de agua y gente corriendo a refugiarse bajo los techos de los negocios casi vacíos. “La crisis se pasea por las calles y la tristeza del pueblo ...