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Mostrando las entradas de noviembre, 2016

Crisis.

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   ¿Vos creés que estuve mal en decirle a tu familia que nuestra relación ya terminó hace rato?, le preguntó.    El otro lo miró confundido. Le reprochó un poco de bebida, adujo el champán del brindis, dijo que lo había visto fumar mucho. Es verdad, pensó él. Había prendido un cigarrillo tras otro durante toda la noche.    En honor a la verdad –siguió- hace cinco años que no tenemos nada. Seguramente vos tendrás otras amantes por ahí… Y yo he vuelto a la soledad de antes.    El otro, que se había estado desvistiendo, dejó el saco en una silla y terminó de desatar la corbata. Puso un puño en la cintura y apoyó la otra mano en la puerta del ropero mientras clavaba la vista en el suelo. Tragó. Lo miró con los ojos secos, casi sin emoción. Él pensó que eran más lindos que cuando lo conoció. Seguramente estar perdiéndolo lo hacía más atractivo.    Con la diferencia, claro, de que ahora tengo alguien a quien esperar con la cena servi...

Él y el otro.

    Se habían encontrado a último momento casi por coincidencia. Abandonaron el edificio atiborrado de gente y tomaron la calle por su cuenta.     El calor agobiante de la tarde los hizo caminar por el césped crecido del parque. Charlaron de todo y casi sin saberlo se miraron a los ojos. Él se quejó del sol, el calor, los mosquitos. El otro de la vida.    Subieron a un colectivo casi vacío y esperaron en silencio a que arrancara. El viaje comenzó como todos los días y el río a su costado estaba inmóvil, como si no quisiera molestar.    Del río llegaba el olor putrefacto a tierra mojada. Ellos empezaron a hablar del color del río, de los pescadores secándose al sol mientras escuchaban el ruido del agua que chocaba contra las paredes del acantilado.    La conversación se hizo larga y dos asientos más allá una anciana miraba hosca y severa mientras tejía con rapidez inaudita los colores de su red.     El puent...

El dos a dos.

   “El viernes los muchachos juegan a ser Batistuta” dijo Marcos, sentado a la sombra de un gomero en el baldío de la esquina, mientras miraba como los “pibes” del barrio se ponían de acuerdo en la conformación de los equipos. Después de hora y media pateando tierra bajo el sol, dieron por terminado el partido, y se acercaron al kiosco por aquella cerveza que habían puesto de premio para el equipo ganador, y que compartieron entre todos, festejando el dos a dos.    Habían pactado encontrarse cerca de las cinco y, como era de esperarse, para las cinco de la tarde el lugar estaba desolado. Pasados quince minutos fueron acercándose los primeros y en sus rostros, más que la impaciencia o la desesperación por llegar tarde, habitaba la calma. Algunos bajaron de autos llenos de juguetes y asientos para niños, otros simplemente caminaron hasta el lugar.    Ya para las cinco y media, empezaron a armar los equipos. Los dos capitanes se repartían jugadores como s...

Casi democracia.

"La patria no es el otro."    Durante el jueves 27 y viernes 28 de octubre se llevaron a cabo las elecciones de Centro de Estudiantes y Consejeros Directivos de la Facultad de Humanidades. Hecho que dio lugar a que las diferentes agrupaciones y frentes hicieran uso de sus mejores armas para captar votantes y –por qué no- militantes. Fueron dos días en los cuales los estudiantes no cursaron, pero asistieron a la Facultad en sus dos sedes (Resistencia y Corrientes) para elegir quienes los representarían durante el siguiente año. Días antes el resultado ya daba vueltas por los pasillos: “Franja Morada va a ganar”, decían. Y ganó.    A las 16:30 del jueves la sede correntina de la Facultad de Humanidades era un ambiente desconocido: el bullicio al que están acostumbrados los alumnos de Comunicación Social no era tal. Esa mañana habían comenzado las elecciones estudiantiles para elegir quien representaría al claustro estudiantil en el Centro de Estudiantes y el Con...

Incompleto.

   La mañana está gris. La llovizna ya lleva tres interminables días ensuciándolo todo; los zapatos están embarrados, las camisas húmedas, y hasta el café pareciera que se enfría más rápido.    Camina, camina por las calles largas, y alcanza la avenida en pleno alboroto de los transeúntes que corren para llegar a tiempo y cumplir obligaciones. Él está angustiado, hay demasiadas cosas para hacer, y el tiempo no alcanza. Piensa que debería haber tenido en cuenta el consejo de su amigo, pero ya es tarde.    Está ahora parado en la vereda de enfrente, tiene el ceño fruncido, pero no piensa. Está esperando; como casi todas las mañanas ha llegado demasiado tarde para un coche y ahí está esperando el segundo. Tardará unos veinte minutos, calcula.    El sol empieza a calentar el asfalto y se da cuenta de que quizás deba quitarse el abrigo. Se acomoda los lentes que se le resbalan por la fina y no tan larga nariz. Mientras espera se peina con una m...