Casi democracia.

"La patria no es el otro."

   Durante el jueves 27 y viernes 28 de octubre se llevaron a cabo las elecciones de Centro de Estudiantes y Consejeros Directivos de la Facultad de Humanidades. Hecho que dio lugar a que las diferentes agrupaciones y frentes hicieran uso de sus mejores armas para captar votantes y –por qué no- militantes. Fueron dos días en los cuales los estudiantes no cursaron, pero asistieron a la Facultad en sus dos sedes (Resistencia y Corrientes) para elegir quienes los representarían durante el siguiente año. Días antes el resultado ya daba vueltas por los pasillos: “Franja Morada va a ganar”, decían. Y ganó.
   A las 16:30 del jueves la sede correntina de la Facultad de Humanidades era un ambiente desconocido: el bullicio al que están acostumbrados los alumnos de Comunicación Social no era tal. Esa mañana habían comenzado las elecciones estudiantiles para elegir quien representaría al claustro estudiantil en el Centro de Estudiantes y el Consejo Directivo de la Facultad, y la ausencia de militantes alborotadores era evidente.
   Entre las listas más conocidas para los estudiantes de Periodismo había tres tan diferentes en nombres y cantidad de militantes, como iguales en propuestas y accionar. La afamada Franja Morada, de tinte radical – y actualmente PRO- con una asombrosa cantidad de nuevos militantes recientemente asumidos en las filas del radicalismo; que además hacían alarde de sus grandes y motivadores logros, propuestas que –no dudaban en decir- engrandecen a la militancia y la educación en quiebre que sufre el sistema educativo actual.
   Por otro lado, los movimientos kirchneristas (militantes que responden al modelo nacional y popular, y que refugian sus ideales en el General Perón), reunidos en el Frente Universitario Popular (FUP); y finalmente, la Lista Dos en la que se hermanan dos agrupaciones disidentes ideológicamente, pero que no dudaron en unirse para enfrentarse a “los morados”.
   Estas tres listas son algunas de las muchas que compitieron ferozmente durante las tres últimas semanas para hacerse dueñas de la credibilidad y el cariño espontáneo de algunos alumnos votantes. Y cada una de ellas usó sus propios recursos.
   Franja Morada se encargó de recordarles a todos y cada uno de los estudiantes de Comunicación su aporte al claustro más numeroso de la casa de altos estudios: “conseguimos equipos de mates y teres para todos los estudiantes”, pregonaban por los pasillos, las aulas, el salón de usos múltiples, y hasta incluso –y por qué no- la vereda.
   “Conseguimos equipos de mates y teres”, repetían a cada rato, como temiendo que cayera en el olvido aquello que les henchía el corazón de orgullo. “Conseguimos equipos de mates y teres” volvían a repetir, para ahogar alguna voz que se levantaba inquisidoramente a preguntar por el nulo apoyo de los morados a la lucha estudiantil y su apoyo al gobierno de turno.
“Conseguimos equipos de mates y teres. Todo el año junto a los estudiantes”, repetían una vez más. Y sonreían. Sonreían.
   Por su lado, los militantes del FUP remontaban sus banderas de inclusión más que nunca. A todos aquellos que traspasaran la puerta de la Facultad querían incluir en sus -espontáneamente muchos- cursos y talleres de formación profesional.
   En cuanto a la Lista Dos, conformada por el Movimiento Sur y la Corriente Estudiantil Popular Anti imperialista –CEPA- se encargó de hacer notar sus cuatro nuevos militantes y las remeras cortadas cuyas leyendas remitían al hombre que boina estrellada que se fue por América a matar para conquistar la paz: “aquí se respira lucha”, ostentaban ellos su propio eslogan.
   “Queremos recuperar el centro para hacerlo un verdadero órgano de representatividad estudiantil, y plantearlo como un lugar de debate y formación política”, decía L. M., mientras apuraba su cigarrillo en la vereda de enfrente para ir a chequear el cierre de urnas.

***

   “Bardeale a todas las agrupaciones, menos a nosotras”, le dijo L., de Sur, a un amigo cuando se enteró que éste había intercambiado un saludo con C. C. de la agrupación Partido Obrero. Es que es inoportuno, y totalmente indeseado para una agrupación, que alguien diga, justo en el momento en que los estudiantes definen la conducción del centro de estudiantes, que no está de acuerdo con tal o cual postura por alguna razón. Es que esos momentos las agrupaciones y sus militantes no quieren que se echen al viento las verdades más oscuras de su carrera. Para esos momentos, es mejor el silencio.

***

   Era jueves, un día casi primaveral. No hacía calor, y, aunque hiciera, los estudiantes estaban a punto de colapsar de nervios. Algunos por miedo de que algo saliera mal en la votación, el inconveniente que pudiera ocurrir en el traslado de las urnas, o que simplemente los votantes decidieran no votar.
   “¡Sos un hijo de puta, vos querés que nos impugnen la urna!”, había gritado por el pasillo esa mañana R. S., estudiante de cuarto año de Comunicación Social y militante de JP Descamisados (FUP), a un presidente de mesa que había olvidado hacer firmar el padrón a los 43 primeros votantes. Ya para las 4 de la tarde los ánimos estaban más calmados y la anécdota recorría los pasillos disfrazada de chiste. “Me saqué un poquito nomás”, aclaraba él más tarde en medio de risas, cuando junto a L. M. y A. B., de Franja Morada, transportaban la urna a la sede de la Facultad de Humanidades en Resistencia.
   Por su parte, C. C. del Partido Obrero, había dejado en claro sus expectativas: “estamos peleando el Consejo”, lo que despertó las risas de sus compañeros cuando se enteraron de sus dichos. “Qué van a pelear Consejo”, decían mientras se acomodaban los cinturones de seguridad para cruzar el puente que divide Chaco y Corrientes.

***

   Finalmente, para las 20 del viernes, las mesas se cerraron, y esto dio paso a la recta final: el escrutinio.
   En el aula 10 de la Facultad de Humanidades, sede Resistencia, se reunieron estudiantes independientes y agrupados para hacer el correspondiente conteo de votos y cantar las consabidas canciones de apoyo a una u otra agrupación. Las risas, los cánticos y los bombos sonaban más que nunca. Reinaba un clima de compañerismo y amistad, que difícilmente se pudo captar en las tres semanas anteriores.
   En la pizarra habían dibujado dos tablas para contabilizar los votos, y frente a ella, militantes de diferentes agrupaciones abrían las urnas, contaban los votos una y otra vez, y mostraban a un público inauditamente atento, cada una de las boletas que iban apareciendo de los sobres blancos que se iban desechando en el suelo hasta formar una enorme pila de papel desperdiciado.
   L. sonreía y suspiraba cansancio. Se la veía agotada, había pasado las tres últimas semanas sentada en la mesa de Sur en el pasillo de la Facultad tratando de convencer a todos de que era mejor votar a Sur antes que a otra agrupación. Todo aquel que se sentara lo suficientemente cerca como para escucharla había sido víctima de su ágil y locuaz discurso. Lo mismo habían hecho los militantes de otras agrupaciones.
   Detrás de los alumnos que con ahínco seguían el conteo, estaban todos los demás militantes entonando canciones… “Franja no seas caradura”, repetían los que apoyaban a CEPA-Sur. Y cada tanto alguno se escapaba al kiosco cercano a buscar otra cerveza o algún paquete de cigarrillos.
   Finalmente, pasada la media noche el veredicto estaba en boca de todos: “ganó la Franja”, repetían, algunos con sorna y otros casi con tristeza. Los morados hacían sonar aún más fuerte sus tambores, y sus gritos y vítores ensordecían a todos.

***


   Es que, aunque a todos les gusta ganar, la victoria es más dulce cuanto más se la pueda hacer sentir al enemigo derrotado. Ahora solo falta esperar un año para volver a escuchar las espontáneas promesas de las agrupaciones, y la voraz pelea que genera esta democracia que les gusta jugar. 

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