Entradas

Mostrando las entradas de 2020

Carta para mi amigo Adrián.

   Tu nombre me sabe a miel, al recuerdo dulce de cuando el mundo era gris y triste. Un  día tu voz, tu mirada, tus manos pequeñas; la fiera indomable de mi corazón te dijo que si, y pasó el invierno abrigado en tu voz. La juventud fue el tesoro que nos acabamos, el abrazo eterno que te prometí. Tu casa en la playa tu sueño de niño, y una noche fría yo te prometí caminar por tu calle, rodearte en abrazo y no dejarme ir. Me pienso en tu vida me atrevo a quererte, a darte esa luna sencilla y redonda que atrapé una tarde pensando en tu voz. De tu secreto al mío hay solo distancia, el mundo que arde y se arma de nuevo. Pequeño el camino, pero nos separa. Perdoname todo, la lucha, la luna, la vida apartada. Yo lloro tu ausencia yo espero tu voz mi pequeño amigo de este, el invierno que ya se acabó

Lamento/otro.

   Ay vida, ¿qué me estás haciendo? ¿No ves que me quedo sin tiempo? ¿No ves acaso que si no tomas prisa yo me quedaré sin vivirte?    Quiero en tus caminos perder algunos pasos, dejar hilachas y suspiros bajo los árboles, ver caer las lluvias de cada año y ver crecer los libros bajo mis manos. No me dejes, por Dios, en esta angustia detenido; déjame// déjame crecer, conocerte un poco y a tus atardeceres dedicarles recuerdos. Quiero a la nostalgia conocer, a los amigos robarles risas y al amor construirlo fuerte, firme y, quizás, si queda tiempo, poder equivocarlo. Toma de mí, vida, lo que quieras, pero no me mueras sin hacerte, sino hermosa, al menos útil.    ¡Ay, vida! ¿Qué me estás haciendo?

Una mañana con Nora Bär.

   Son las 10 de la mañana de un lunes que promete más calor que alegrías, y ya me sentí estúpido una vez en lo que va de la mañana. Y es que, apenas pasadas las 8, abrí el teléfono por enésima vez, después de una larga noche de insomnio, y vi que anunciaba "lunes, 10 de enero", y de repente tuve un ataque de filosofía new age y pensé "una nueva oportunidad". Inmediatamente salté de la cama, y para quitarme el mal sabor de boca, me ahogué bajo el agua hirviendo de la ducha hasta que la piel me gritó basta.    Elegí un sombrero, cerré la ventana y bajé a la panadería de la Betty que dulcemente me dijo que aún no había horneado mis bizcochos preferidos. Empecé el día cambiando el menú y con un mate más amargo de lo que esperaba, mientras en el primer piso el niño de la vecina juega ruidosamente con sus autos de  plástico por todo el pasillo. Abro "Viceversa" de Nora Bär y mastico rápido dos de sus columnas mientras intento que el mate no se enfríe. El niñ...

Esperando el otoño.

Imagen
   Quiero decirte del tiempo algún secreto que descubra; por ahora sólo tengo nostalgias que me invento para pasar las horas más largas de mi vida. Voy dejando que vuelen algunas golondrinas para verlas volver en una tarde triste, cuando pinten las canas y las macetas estén ya vacías de las flores de estos días.    Yo le pido a tu vida un pedazo de tiempo, y prometo no gastarlo en esos pensamientos que cual frutas maduras se pierden por el suelo; en cambio le daré a esos ojos tan niños la mirada oportuna y un abrazo sincero. No prometo más nada, no digo las palabras que no quieras oír, y tampoco las tengo porque ya no las siento.    Pero si nada tengo, para qué despertar del mundo a las mañanas, para quién plantar árboles que no podré regar. Por eso yo le pido a la vida que venga con lapachos, con muchas flores nuevas, y vuelen golondrinas que vengan otros días, flotando despacito, galopando en las nubes a empañar la vejez.    No pido nada...

...sobre el olvido.

   Hoy no tengo nada para decir. Pasa a menudo, casi siempre. De fondo, un cantor repasa algunos éxitos en algún escenario y aquí la noche aterra, como siempre la noche, cada noche.    El mundo de a poco se me vuelve un lugar inaccesible, brusco y agresivo; pero hoy la vendedora de dulces me atrapó en una conversación sobre el clima y sus ojos me dieron toda la razón. Mientras aquí me aturde más tu olvido que los inapagables aires acondicionados de los vecinos, y la soledad de una noche oscura de lluvia y frío en un verano pleno.    Las pupilas tratan de adivinar las sombras de la avenida que se asoma detrás de los largos edificios que encierran vidas y dolores camino al cielo. Las pupilas tratan, pero no pueden. Así debe saber la soledad. La soledad, ese bonito misterio que al descubrirlo es atroz y amargo como un mate en el pasillo, como un tango viejo en la voz nueva.    Quiero saberlo, quiero saber las respuestas a preguntas que no me ...

Adoro.

Imagen
   Yo tenía mucho menos de 20 años, y la inexperiencia toda de un pueblerino, cuando por primera vez me iluminaron la voz segura y las palabras precisas de alguien que ya había atravesado toda esa vida que a mí aún no me había descubierto.    Y no fue mucho lo que hizo falta para que me temblara la seguridad que me inventaba yo en esa niñez tardía.    Pocos minutos de charla que nos dimos, y alguna vez se me durmió el pensamiento cuando casi te crucé en aquella esquina. Todavía me imagino el perfume amargo, los treinta y dos años que parecían veintitrés, la dulce mirada que me dedicaste en algún momento hasta que nos esquivamos, que era lo indicado.     Después se fue la vida por otros costados, mi silencio fue todo para ese amor que nunca supiste y que atesoro desde entonces, como el niño que me han dicho que duerme ahora apretado en tu pecho.