Esperando el otoño.


   Quiero decirte del tiempo algún secreto que descubra; por ahora sólo tengo nostalgias que me invento para pasar las horas más largas de mi vida. Voy dejando que vuelen algunas golondrinas para verlas volver en una tarde triste, cuando pinten las canas y las macetas estén ya vacías de las flores de estos días.
   Yo le pido a tu vida un pedazo de tiempo, y prometo no gastarlo en esos pensamientos que cual frutas maduras se pierden por el suelo; en cambio le daré a esos ojos tan niños la mirada oportuna y un abrazo sincero. No prometo más nada, no digo las palabras que no quieras oír, y tampoco las tengo porque ya no las siento.
   Pero si nada tengo, para qué despertar del mundo a las mañanas, para quién plantar árboles que no podré regar. Por eso yo le pido a la vida que venga con lapachos, con muchas flores nuevas, y vuelen golondrinas que vengan otros días, flotando despacito, galopando en las nubes a empañar la vejez.
   No pido nada más que en tu tiempo vivir, que se muera de a poco cada día y que llegue un otoño de rosado interminable a curar las heridas. Voy callando de a poco el miedo de perderte; ya la luna ha llegado, aguada e incompleta como toda mi vida, a esperar el otoño.

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