Carta para mi amigo Adrián.
Tu nombre me sabe a miel, al recuerdo dulce de cuando el mundo era gris y triste. Un día tu voz, tu mirada, tus manos pequeñas; la fiera indomable de mi corazón te dijo que si, y pasó el invierno abrigado en tu voz.
La juventud fue el tesoro que nos acabamos, el abrazo eterno que te prometí.
Tu casa en la playa
tu sueño de niño, y una noche fría yo te prometí caminar por tu calle, rodearte en abrazo y no dejarme ir.
Me pienso en tu vida
me atrevo a quererte,
a darte esa luna sencilla y redonda que atrapé una tarde pensando en tu voz.
De tu secreto al mío hay solo distancia, el mundo que arde y se arma de nuevo.
Pequeño el camino, pero nos separa.
Perdoname todo, la lucha, la luna, la vida apartada.
Yo lloro tu ausencia
yo espero tu voz
mi pequeño amigo de este, el invierno que ya se acabó
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