Alguna mirada.

 El mundo ha cambiado. Mucho de lo que fue ya no existe, pero aún quedan cosas que nos lo recuerdan. El siglo XX quizás no fue un siglo de revoluciones, pero sí han sido años sumamente productivos tanto tecnológica como culturalmente.
Lo cierto es que, con el siglo XX han aparecido nuevas formas de comunicar, y por ende, de dominar. Ya decía Laswell que lograr la adhesión de las masas es más barato que dominar a través de cualquier tipo de violencia. Bien.
Teniendo esto en claro, correspondería, desde nuestra perspectiva, mirar el accionar de la televisión, en sus diferentes formas y en sus diversas maneras de producir, emitir y consumir. ¿Esto quiere decir que hay, quizás, más de una televisión? Tratamos de considerar que sí.

A lo largo de la historia de la televisión, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo enfrentado –y ahora conectado- a esa pantalla, podemos ver que la televisión ha transformado el mundo y también ha mutado como medio de difusión/comunicación.
Hoy en día, la televisión es el medio con más nivel de penetración cultural, el más usado para informarse, el más consumido, y también el más caro, todo esto a nivel mundial.[1] Aunque también nos parece oportuno recordar a Kaplún cuando afirma que es la radio el medio de mayor alcance –incluso, aclara, en la población analfabeta-. La radio, según Kaplún[2], llega al 61 % de la población latinoamericana, en tanto que la tv solo al 34 % y la prensa escrita al 21 %.
Es cierto que en este punto Kaplún coincide con el CIESPAL[3], y afirma rotundamente que la radio es el medio de mayor penetración en América Latina, la mayor fuente de información y de entretenimiento. Pero es justo recordar que Kaplún lo dice a mediados de los años ’90, en tanto Albornoz y García Leiva difieren de él ya casi dos décadas más tarde.
Más adelante, estos mismos autores afirmarán que la televisión es el actual (primeros años de la segunda década del siglo XXI) medio “hegemónico” en cuanto a consumo tanto de información como de entretenimiento.

Esto nos lleva a formularnos algunas preguntas, como por ejemplo, si la televisión ha desplazado a la radio como el medio de mayor penetración sociocultural, a pesar de sus limitaciones y costos, tanto para producir, como emitir y recibir/consumir sus contenidos.
Y al hablar de limitaciones nos referimos a los altos costos de producción de contenidos televisivos (en radio, la relación costo-beneficio es la mejor del mercado[4]), lo sumamente expensivos que son los receptores televisivos respecto de la radio, la dificultad y el nivel de desarrollo tanto tecnológico, como socio cultural y económico, que implica el traspaso de lo analógico a lo digital (que trataremos más adelante).
Aunque hay otras cosas que sí benefician a la televisión, como el hecho de que su potencialidad se dispara al hablar de la ventaja que tiene frente a la prensa escrita, por ejemplo, de cara a los grandes sectores poblacionales carentes de educación, o que sus mensajes no necesitan –gracias a sus, ocasionalmente, bajos niveles de complejidad- de desarrollos intelectuales o niveles educativos avanzados para ser comprendidos.

El hecho de que la televisión sea el medio “hegemónico”, el de mayor penetración cultural, el más consumido, el que más cantidades de dinero mueva en la industria de los medios de difusión de información[5], está estrechamente relacionado con las diferentes modalidades de la televisión.
Televisión analógica y digital.
El paso al mundo del código binario del medio de difusión (y veremos más adelante también porqué se convirtió en un medio de comunicación propiamente dicho) más importante de esta segunda década del siglo XXI, ha hecho que aparezcan diversas maneras de producir, emitir y también consumir los mensajes televisivos.
La televisión analógica, a pesar del avance, aún no tiene previsto quedar en el olvido. Porque si bien es cierto que los procesos de digitalización que se están dando en el mundo entero, requieren un tiempo para lograr la total adaptación en cada país[6], esta digitalización de señales ya existentes, y el consecuente apagón analógico, deja lugar a nuevas señales.
Ahora bien, cuando se apaguen transmisiones analógicas de las señales ya existentes, ¿dejará de existir la vieja modalidad de televisión? Pues no. Los canales ya digitalizados, y con el suficiente desarrollo económico y técnico para pasarse al mundo digital dejarán espacio para las futuras señales de radio o de canales televisivos que estén naciendo o en pleno crecimiento.
Un paso más a la democratización. ¿Un paso más a la democratización?
Cabe plantearse si este proceso de digitalización y el apagón tecnológico darán lugar a una más profunda democratización de los espacios, si se podrá dejar de lado la hegemonía, o si por el contrario, la lucha por el manejo de los discursos se acrecentará aún más.
Para tratar de llegar a una respuesta, de la que no estamos todos seguros, pensaremos en que, por claras cuestiones técnicas y de alcance geográfico, las señales analógicas no tendrán nunca posibilidades de competencia contra los canales digitales.
Por otro lado, el proceso de digitalización nos lleva a replantearnos el hecho de considerar a la televisión (y la radio, como señalábamos anteriormente) como medios de mera difusión de información.
Es que gracias a la digitalización y la convergencia tecnológica, podemos contar ahora a la televisión como un medio que permite a la audiencia pasar de ser una masa informe[7] a un grupo de usuarios que interactúan con las pantallas.
El público ya no solo se renueva, sino que también elige. Elige que ver, como ver, cuando ver, y sobre que plataforma. La televisión se ha convertido ahora en lo que el teórico y profesor americano Lev Manovich llama nuevos media[8].
La televisión cumple con los requisitos de la demanda, de lo hecho a medida y a tiempo para el cliente. No es casual que Netflix tenga tanto éxito. Satisface al cliente y le da el poder.

Frente a esto, el interrogante que nos surge es: ¿cómo podrán competir las señales analógicas a las digitales? Como podrán satisfacer al cliente/ audiencia/ usuario si no pueden salir de la sincronización.

Es una pregunta que nosotros, desde nuestra posición, todavía nos estamos planteando.


*Texto de Memphis No para la carrera Licenciatura en Comunicación Social. Abril 2018.



[1] Albornoz, Luis y García Leiva, María Trinidad. “Televisión digital terrestre: caracterización, antecedentes e importancia”.
[2] Kaplún, M. (1994). Producción de programas de radio- El guión- La realización. México: Editorial Cromocolor. 2da. Reedición.
[3] Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina. (www.ciespal.org)
[4] Kaplún, M. Op. Cit.
[5] Ver diferencias entre “comunicación masiva” y “comunicación colectiva o social”, y concepto de medio difusor de información de Alejandro Avilés.
[6] Bizberge, Ana; Krakowiak, Fernando; Labate, Cecilia y Morone, Rodolfo; (2013): “Políticas de TDT: del predominio del mercado al desafío por un sistema democrático de televisión”, en Las políticas de comunicación en el siglo XXI. Nuevos y viejos desafíos. Buenos Aires: La Crujía ediciones. Páginas 175 a 204.
[7] Alejandro Aviles, Op. Cit.
[8] Manovich, Lev (2001): “¿Qué son los nuevos medios?” en El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. Buenos Aires: Ediciones Paidós Ibérica. Páginas 63 a 95.

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