Desaire.


   Hace exactamente tres meses mi profesor me dijo que tenía que entregar un examen, que debía demostrarle que había encontrado respuestas a preguntas que él había hecho formularme. Y así lo hice. Tardó tres meses en decirme que había aprobado con una muy buena calificación, es decir, que había logrado agradarle en este devenir a veces incomprensible que es la cursada de una materia.
   Cuando frente a nuestras inquisitivas tuvo que justificar el porqué de su demora en devolver los exámenes nos dijo algo sumamente desagradable. Alegó sus otras actividades, las que no solo le consumen más tiempo, sino que también se llevan su mayor interés.
   Créanme si les digo que, como alumno, y después de hacer mi máximo esfuerzo para responder de la mejor manera a su alto grado de exigencia, considero que estoy en todo mi derecho de, mínimamente, sentirme desairado. No solo me parece una total falta de respeto que ignore olímpicamente los reglamentos que él mismo nos pide que observemos, sino que tomo sus declaraciones como una formal manera de decirnos que poco le interesa nuestra formación.
   Entiendo que me diga que no puede vivir de la docencia en su estado actual, entiendo que su búsqueda y su perfeccionamiento académico pasen por otro lado, pero que se pare frente a mí a decirme que ser mi docente no le interesa es, para mí, un desaire que no puedo tomar livianamente.
   Y como si fuera poco, la tibieza y la cobardía de los compañeros que justifican cualquier tipo de atropello por parte de los docentes por el miedo a desaprobar, me debería –y lo digo hipotéticamente, porque al pasar los años uno se acostumbra a esto– ofender. Ya no.
   A veces agradezco a mi formación actoral por haberme dado la capacidad de decir cosas sin emitir palabra. En resumen, cuando frente a las desgraciadas declaraciones de mi profesor yo hice un gesto de desagrado, él me enfrentó pidiéndome que lo aclare. No me pareció necesario, el diálogo ya estaba claro. A él le interesan más sus papers, a mí no me interesa hablar cuestiones ya acabadas.

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