Año tres.

   Año tres. Aún no estás aquí, y ya te has ido.

   Y un día me voy a ir por los caminos de la vida, no sabiendo bien si habrá regreso. Me llevaré conmigo unos pocos años, los apenas vividos. Me llevaré el tesoro de las risas amigas, el abrazo caliente de nuestros militantes, el color de lapachos prendido en las pupilas, los pasos chiquititos a la orilla del río, y el silencio terrible de amarte ocultamente.
   Nacerán nuevos árboles en los nuevos jardines, construirán una casa para guarecerme del frío, tendré un par de libros que leeré cada tanto, la taza de té frío harta de esperarte, y un portaretrato ajado que nunca habitarás.
   Yo te pondré en silencio y sin nadie lo sepa en un rincón del alma con tu sonrisa bella, con tus manos seguras, con tu andar tan hermoso, tan joven y tan mío. Y cada tanto, cuando aceche el olvido lo correré ojeando aquellos libros que leí en algún tiempo pensando que eras mía. Pasaré lentamente las hojas de mis libros sabiendo que nunca los leíste conmigo.
   Tú estarás quién sabe en que brazos dormida, criando otros hijos -los tuyos y no míos- leyendo otros libros, sembrando tus lapachos y mirando tu río, no sabiendo nunca que yo te había querido.

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