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Margarita.

   ¡Ay, Margarita, Margarita la tonta!    Están los pasillos plagados de cuchicheos y apretones de manos, de alumnos asustados que salen de un examen, de ingresantes inquietos y de alumnos eternos. Y de entre todos ellos, se abre un camino, los estudiantes se apartan, la esquivan recelosos, con miedo de trabar conversación con esa mujer. Esa mujer camina sin darse cuenta de todas las miradas y de todos los susurros.    Margarita se llama, tiene el paso rústico, calmado y somnoliento. Los párpados caídos le dan un aire de modorra que nunca se quita. Es difícil verla sonreír, casi nunca, ni siquiera cuando merece ser feliz. El ronroneo de sus zapatos bajos con tacón de goma y su voz quisquillosa alteran a cualquiera y despierta las risas de las chicas y muchachos que la oyen hablar. Ay, Margarita.    Los pasillos dicen en voz alta, sin ninguna culpa, que llegó hace muchos años. Para quedarse. Los más nuevos la miran, casi no la registran, y lo...

Abrazar a Federico.

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   Y la semana empezó sin más afano de lo que terminó el fin de semana. El lunes Corrientes amaneció como si nada perturbara la costumbre y acomodó sus hombros a los comentarios comunes de todos los días. La mañana somnolienta tardó muy poco en terminarse y después del mediodía los ojos se resignaban a tratar de seguirle la pisada a un profesor que esperaba demasiado de todos nosotros. Los ojos azules y penetrantes no conseguían transmitir ni un poco de la felicidad que embargaba a su propietario. A las dos horas, los bancos eran incómodos catres donde se repantigaban todos los que aún no se habían ido.    Volví a casa y las escaleras se llevaron la poca energía que me quedaba. Salté por encima de las plantas que había olvidado en el umbral, y desde el sillón Ogi me reclamó atención y comida. Federico García Lorca.    Bajé a la calle otra vez, atravesé la ciudad con un temblor en la voz y las manos frías, sintiendo como se caían a pedazos sobre la v...

Los mundanos. Otra novela de m*erda.

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   Los mundanos, una comedia que hace reír al público con todos los clichés propios de las telenovelas latinoamericanas, mientras da cuenta del nuevo talento que está haciendo en la escena local.    Son cinco actores los que dan vida a los diferentes personajes de una trama sencilla y harto conocida: la pobre que se vuelve rica, los saltos entre la desgracia y la bonanza de la vida -sin criterios lógicos más que el de extender por unos capítulos más una exitosa fórmula televisiva-, el amor desmesurado que nace de una sonrisa casual, el encuentro y reencuentro. El amor y el desamor. Todos estos son los recursos que Jonatan Gonzalez pone en juego en esta propuesta.    Un juego de luces que cumple a rajatabla su función correcta, y el desempeño actoral que consigue, en la justa medida, la complicidad y la carcajada de una platea que se aprieta las manos para no aplaudir al final de cada parlamento.    El vestuario, ciertamente alegre, aporta ...

Rutina.

La mañana está gris. La llovizna ya lleva tres interminables días ensuciándolo todo; los zapatos están embarrados, las camisas húmedas y hasta el café pareciera que se enfría más rápido. Camina las calles largas y alcanza en la avenida el pleno alboroto de los transeúntes que corren para llegar a tiempo y cumplir obligaciones. Está angustiado, hay demasiadas cosas para hacer y el tiempo no alcanza. Piensa que debería haber tenido en cuenta el consejo de su amigo, pero ya es tarde. Ahora está parado en la vereda de enfrente, tiene el ceño fruncido, pero no piensa, está esperando. Como casi todas las mañanas ha llegado demasiado tarde para un coche y ahí está esperando el segundo. Tardará unos veinte minutos, calcula. El sol empieza a calentar el asfalto y se da cuenta de que quizás deba quitarse el abrigo. Se acomoda los lentes que se le resbalan por la fina y no tan larga nariz. Mientras espera se peina con una mano y mira los coches que desfilan yendo y viniendo por los c...

Quince treinta.

   Quince treinta. En la siesta de Corrientes se muere la paciencia y la mirada se extiende por los pasillos grises de los edificios.    Ella llega casi puntual anunciándose largamente en el taconeo fuerte de sus zapatos finos taco aguja, y se queda en la puerta acusando saludos corteses con quienes la conocen bien.    Su voz aguda se ahoga y renace en la tonada correntina paqueta de una mujer parada frente al mundo como una sola. La curva de su nariz se agrava frente al enojo de la inconstancia y recorre su mirada la cara de sus equivocados. Enérgica mueve sus manos y habla de tradición al ritmo plata de sus pulseras grandes.    La doctora camina, calla y mira a todos sus alumnos. Cree que convence -se engaña, quizás, o los hace creer que se engaña-, y deja en claro que no está dispuesta a negociar sus ideales.    "El derecho protege desde que hay rasgos de humanidad, hasta la muerte", dice clara y concisa la doctora, y de...

Alguna mirada.

  El mundo ha cambiado. Mucho de lo que fue ya no existe, pero aún quedan cosas que nos lo recuerdan. El siglo XX quizás no fue un siglo de revoluciones, pero sí han sido años sumamente productivos tanto tecnológica como culturalmente. Lo cierto es que, con el siglo XX han aparecido nuevas formas de comunicar, y por ende, de dominar. Ya decía Laswell que lograr la adhesión de las masas es más barato que dominar a través de cualquier tipo de violencia. Bien. Teniendo esto en claro, correspondería, desde nuestra perspectiva, mirar el accionar de la televisión, en sus diferentes formas y en sus diversas maneras de producir, emitir y consumir. ¿Esto quiere decir que hay, quizás, más de una televisión? Tratamos de considerar que sí. A lo largo de la historia de la televisión, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo enfrentado –y ahora conectado- a esa pantalla, podemos ver que la televisión ha transformado el mundo y también ha mutado como medio de difusión/comunicación. ...

Domingo en Corrientes.

   Es domingo de muerte en Corrientes. La ciudad se recupera lenta y en silencio de la tormenta que desarmó árboles y el servicio eléctrico el día anterior. Los vecinos duermen la siesta larga de unas vacaciones que ya se terminan y dan paso a una nueva vorágine de cursadas, horarios complicados y trasnochadas de libros y mates amargos. Porque en Corrientes el mate amargo es un ritual, como mirar la luna sobre el Paraná. Inalterable.    Inalterable es también el ritual de Ogi, cuando al verme sentado a la computadora me maulla pidiéndome un poco de atención, que siempre termina con ella en mi regazo apretando sus manitas pequeñas contra el borde de la mesa. De fondo Los Palmeras corean “báilame la suavecita, mírame y gózame. Que la cumbia es sabrosita si la bailas suavecita”.    Ayer Corrientes volvió a llenarse de agua y gente corriendo a refugiarse bajo los techos de los negocios casi vacíos. “La crisis se pasea por las calles y la tristeza del pueblo ...