Campañas de carne
Las elecciones de Centro de Estudiantes y Consejeros Directivos de la Facultad de Humanidades serán este jueves y viernes próximo. El escrutinio es el evento social más esperado por mí dentro de la vida universitaria: el único momento del año en que me encuentro con un amigo y nos damos un buen abrazo, excluyendo toda ideología y desamor.
Frente a este panorama, es natural ya la crudeza de los comentarios, la agresividad de las relaciones y la falta de cariño que se profesan militantes y agrupaciones enfrentadas -más por tradición que por cuestiones ideológicas.
Las dos grandes agrupaciones que están en el edificio donde curso (extensión de Humanidades en Corrientes) son Franja Morada y el Frente Universitario Popular, de carácter peron-kirschnerista.
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La Franja Morada jugó su más penosa carta hace unos días cuando reapareció un extinto -creía yo, pobre iluso- estudiante de comunicación. De camisa bien planchada y andar arrogante, golpeando -quizás demasiado- afectuosamente (terrible fariseo) la espalda de compañeros y apretando manos por doquier. El pasillo se llenó de sus pútreas carcajadas y su maliciosa sonrisa de Gargamel que va en busca de esos pobres duendes que aún no pueden diferenciar entre uno y otro color.
La semana pasada, cuando la Asamblea de Memoria y Balance era casi un hecho, yo salía de una clase, y en la distraída maniobra de cambiar unos lentes de leer por unas gafas de sol, dejé - ¡horror! - que se pusiera en mi camino alguien con poca higiene y mucho cabello.
Intentó vagamente explicarme de la importancia de mi participación en el evento y quiso dibujar algún número de teléfono, pero -el tiempo apremia, siempre apremia- antes de que pudiese siquiera terminar una primera oración mal conjugada, ya tuve mi oportunidad de hacerle saber de mi conocimiento del tema, de mi implicancia como estudiante y de todo aquello que él quiso, supongo, decirme.
Después de un circo muy bien jugado en un aula grande de la sede central de la Facultad, la Franja se aplaudió a sí misma, se llenó de cantos populares el patio de la entrada, y los militantes de Ciencias Económicas y Artes se conjugaron a los de Humanidades para aducir que a Perón no se lo tenía que nombrar en las canciones, porque –quien lo hubiera dicho- estaba muerto.
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Días después, la Facultad ya se me torna casi intransitable: las guirnaldas de horribles papeles afiches se me atascan en los sombreros y en más de una ocasión estuvieron a punto de derribarlo. (Por eso peinarse es importante, aunque usen sombreros).
Frente a esto me incliné por otra opción, siempre y cuando el atuendo lo permita: usar gorras, y no sombreros. Pero surge el problema de que solo tengo cuatro gorras, y en cambio sí muchos sombreros, además de que no siempre son combinables. Las gorras digo, no las guirnaldas. Esas tampoco.
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Pero sería injusto y poco valorativo del trabajo de todo el año decir que esta pugna por destruir al otro es algo de estos últimos días. Si bien es cierto que los golpes se agudizan en la semana previa al juego democrático, también es cierto que los ataques verbales y hasta físicos a veces- aunque lo nieguen- son materia corriente en todo el año.
Algunos militantes tienen el tácito apoyo de algunos docentes y cátedras para atacar a uno u otro sector que consideren oposición. Otros en cambio lo hacen abiertamente con todo el descaro como, por ejemplo, los militantes que llegaron a mitad del segundo cuatrimestre de 2015 y después de presentarse (7 meses después del ingreso), le pidieron al estudiantado que los vote para seguir estando en la dirección del Centro de Estudiantes y así mantener lejos del poder a la Franja Morada, que servilismo o no servilismo, fue una de las agrupaciones que les dio la bienvenida a los ingresantes ese año.
Hoy, el servilismo básico de la Franja Morada sigue en pie, y cada vez más atento al vacío ideológico y el desinterés político de los estudiantes.
Esto me trae el recuerdo de un
(que gran problema no saber cómo catalogar a una persona que no es amigo, no es compañero, tampoco compañero –VP–, ni se encuadra en ningún tipo de relación interpersonal que podamos socialmente identificar)
Esto me trae el recuerdo de un estudiante universitario que –hegemonía heteropatriarcal machista, misógina, xenófoba y aporófoba presente- se dejó llevar por los que dirán paternos y abrazó las ideas de “la pesada herencia, la larga noche, la chorra de Kristina y el aborto ilegal (porque para que son pobres si no lo pueden pagar)”. Amar a Macri, aunque no le alcance para comer, no llegue a fin de mes ni pueda recibir atención médica, viajar en bondi o pagar las fotocopias, es un principio básico, porque padre y madre –familia correctamente formada, ¿no lo dije? – enseñaron a odiar a una loca que se atrevió a sentarse en un sillón presidencial.
Pero la gran contradicción llegó cuando me confesó, en indisimulado plan de reivindicarse conmigo –yo, intento fallido de populacho- que este año ya no votó a la Franja Morada en las elecciones de su facultad porque “aparecieron recién ahora”, y enumeró la lista de servicios que la agrupación puso a su disposición durante la semana previa a las elecciones.
La pregunta caía de maduro, disculpe el lector la mala palabra, pero no la hice. ¿Por qué, entonces, apoyar un gobierno, pero no el brazo estudiantil que presenta en las aulas de la universidad?
La respuesta que quiero dibujarme es que la falta de herramientas, y no la valoración de un equipo de mates por sobre la defensa de los derechos de los diferentes actores de la comunidad universitaria, le hacen difícil el discernimiento entre las posturas ideológicas de las diferentes agrupaciones y frentes que pelearon por su apoyo.
Quizás sea tiempo de que los estudiantes se permitan la formación política (aunque crean que, parafraseándolos, “no la necesitan, porque total no estudian ciencias sociales”), así no comenten el error de despreciar una agrupación con la que comparten ideología y ganas de destruir, solo porque hay alguna otra que les calentó el agua del mate en los recreos. Aquí la contradicción de apoyar el servilismo de unos militantes, o la ideología en la que quiero creer.
Anecdótico.
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En esta última semana, los dedos no alcanzaban para armar misivas, carteles y toda la parafernalia del juego democrático. Hermoso espectáculo de fondo para la pelea verdadera: la moral se enfrenta a la política. Y nadie sale ileso.
Hace unos días, la Franja Morada hizo su espectáculo deplorable de misoginia y descontrol en la Facultad de Derecho cuando calificó de “putas de cabaret” a las militantes del otro bando. Y se justificaron diciendo que “los compañeros de la JP” tenían sus propios cantos con agravios hacia su postura y dirigentes. Después se mezclaron los estudiantes de Económicas y Artes entre los de Humanidades, como si la multitud pudiera avalar cualquier tipo de perdón en la Asamblea de Memoria y Balance de Humanidades. Y si muchachos, Peron está muerto. Los suyos también.
Finalmente, con la aburrida carta del desmerecimiento ya gastada, ayer la Franja Morada dio un paso más e hizo correr algunos posteos de parte de sus militantes en Humanidades.
El más interesante, y el que más atención me llamó, fue el de una estudiante –y joven militante- que, con mucha parsimonia lingüística, propia de alguien que trata de impresionar, trató de exponer la situación que estaba pasando.
Aclaró que cursa en la facultad donde milita, y refirió algunas consecuencias a causa de su participación activa dentro de la agrupación. Dijo ser agraviada por sus compañeros de cursada, y que algunos la sometieron a “la quita de saludo de personas de las cuales comparti algún momento de mis 2 años de cursado de la carrera de Comunicación Social”. Después continuó con algunas obviedades de este tipo de “Descargó”: la bondad que me caracteriza, la amabilidad que conlleva mi accionar, y la promesa de no discriminar. Como si hiciera falta la aclaración.
Un texto corto y conciso, pero no lo suficiente para no evidenciar, algo que se observaba hace un par de años ya, en este tipo de neo militantes: la total carencia de competencias comunicativas, como el incorrecto uso de recursos lingüísticos -sintácticos, semánticos, cohesivos -y demás barbaridades que ayudan a asustar a cualquier lector, estoy seguro.
Esta carta, malamente jugada por la Franja Morada, es otra de las oportunidades que se tomaron para dañar la imagen de los militantes y la agrupación más grande que tienen en la oposición: “los peronchos del chori y la coca”. Malamente jugada porque la ignorancia olímpica con que respondieron los aludidos los dejó –a los morados- en una cancha vacía, y con un público escaso que era solo parte de su color.
Malamente jugada y a la vez innecesaria, porque ya ha quedado fielmente demostrado que ellos ganan las elecciones –aunque a veces por un margen muy chico, apenas de 9 votos en el 2017- gracias al servilismo (inútil de cara a los derechos estudiantiles, pero útil a la comodidad de un estudiantado que valora más unos fríos bancos manchados de pintura, que un docente en el aula y sueldo digno).
Esperemos entonces, que a pesar de “la quita de saludo y las burlas y cargadas”, los nuevos militantes no dejen de creer en sus ideales (primero que los tengan), y militen en una agrupación porque tienen la clara necesidad de defender una idea, y no porque no sepan que quieren o para dejarse usar para dañar al oponente.
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Para terminar, si es que se termina, faltan los dos últimos rounds: los últimos tres días antes de elecciones y el escrutinio (ansiado momento). Vamos a contar las cabezas que vayan cayendo.
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