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Un tango para los tinchos.

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   En 1924, mucho antes de que lleguemos los millennials y centennials a creer que revolucionamos el idioma y las significaciones, ya el poeta, bohemio (redundante si, quizás), y porteño Celedonio Flores había dedicado una de sus obras más conocidas a los siempre tan vilipendiados -y con razón, no lo niego- tinchos.    Algunas de sus letras le rinden homenaje a hitos populares del momento; como “Corrientes y Esmeralda”, donde le habla a las ochavas diciéndoles "esquina porteña, este milonguero te ofrece su afecto mas hondo y cordial", y agrega que allí "cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel".    En “Mano a mano”, por otro lado, le ofrece, pudoroso como todo hombre, el último cariño a alguna buena mujer, y después le recrimina el abandono. Como siempre. Y finalmente, el “Viejo smoking”, es nomás una excusa para recordar los tiempos idos, la buena época, aquella donde "la milonguera mas papa el brillo de tu solapa, de estuque y carmín man...

Otro soliloquio.

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   Señora quiero decirle que yo a usted la quiero. Sí, la quiero. La quiero como la quise antes, cuando yo era el niño de cachetes redondos y ojos grandes, y usted ya era señora. La señora esa que yo ahora veo casi sin voz, casi sin piel. Y yo, lo que queda de mí, sin sueños, maduro cuarentón no llegaré a ser nunca. Señora, la quiero. La quiero porque usted me enseñó que querer era algo posible, lo que no era posible era quererla a usted. Usted ya era señora, y yo era apenas niño. Y después de los años nos volvemos a ver, usted ya tan ajena a todos mis recuerdos, y yo un poco triste de verla envejecer. El tiempo no cura –ahora lo sé bien – ningún dolor, pero a usted señora yo la vuelvo a ver y se me restañan las heridas.    Yo la quise, déjeme contarle que la quise, cuando usted ya era señora, y yo apenas era niño. Yo soñaba entonces con quererla para siempre, después el olvido me enseñó otros caminos; ahora que he vuelto a verla me acuerdo del cariño, y usted seño...

De chico no me gustaba El Chavo del 8.

   En la casa donde crecí no había televisión. Entonces de niño me colgaba de los árboles, me raspaba las rodillas entre las ramas de la casuarina, cascoteaba los nidos de las avispas, y hasta entraba corriendo a la casa, escapando del enjambre enfurecido. En ese entonces ser niño era difícil, había que ocultarle a la gente las travesuras y lavarse los dientes a diario. De vez en cuando me encontraba sentado en un rincón o tirado en la cama con un libro entre las manos, actividad poco frecuente en mí, y que nunca me pareció realmente atractiva. Leer era agotador.    Aún hoy, cuando por formación tengo que internarme por los sinuosos caminos escritos por otros, me sienta más llevadero hacerlo por obligación que por placer. Quizás por eso fue que en un primer momento me incliné por la poesía negra de Ruben Darío, después de aprenderme de memoria algunos empalagosos versos de Bécquer. Es que era tan fácil decir te quiero. Quizás fue más lúdico que otra cosa, los ver...

Año tres.

   Año tres. Aún no estás aquí, y ya te has ido.    Y un día me voy a ir por los caminos de la vida, no sabiendo bien si habrá regreso. Me llevaré conmigo unos pocos años, los apenas vividos. Me llevaré el tesoro de las risas amigas, el abrazo caliente de nuestros militantes, el color de lapachos prendido en las pupilas, los pasos chiquititos a la orilla del río, y el silencio terrible de amarte ocultamente.    Nacerán nuevos árboles en los nuevos jardines, construirán una casa para guarecerme del frío, tendré un par de libros que leeré cada tanto, la taza de té frío harta de esperarte, y un portaretrato ajado que nunca habitarás.    Yo te pondré en silencio y sin nadie lo sepa en un rincón del alma con tu sonrisa bella, con tus manos seguras, con tu andar tan hermoso, tan joven y tan mío. Y cada tanto, cuando aceche el olvido lo correré ojeando aquellos libros que leí en algún tiempo pensando que eras mía. Pasaré lenta...

Desaire.

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   Hace exactamente tres meses mi profesor me dijo que tenía que entregar un examen, que debía demostrarle que había encontrado respuestas a preguntas que él había hecho formularme. Y así lo hice. Tardó tres meses en decirme que había aprobado con una muy buena calificación, es decir, que había logrado agradarle en este devenir a veces incomprensible que es la cursada de una materia.    Cuando frente a nuestras inquisitivas tuvo que justificar el porqué de su demora en devolver los exámenes nos dijo algo sumamente desagradable. Alegó sus otras actividades, las que no solo le consumen más tiempo, sino que también se llevan su mayor interés.    Créanme si les digo que, como alumno, y después de hacer mi máximo esfuerzo para responder de la mejor manera a su alto grado de exigencia, considero que estoy en todo mi derecho de, mínimamente, sentirme desairado. No solo me parece una total falta de respeto que ignore olímpicamente los r...

"Santito" el documental sobre San La Muerte.

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   " Santito " es un documental realizado durante 2018 por alumnos de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNNE, en el marco de la cátedra Teoría y Técnica del Periodismo Audiovisual II.    Fue rodado en Mariano I. Loza, Parada Coco (Empedrado), Corrientes capital y Resistencia, Chaco.    El equipo estuvo integrado por ocho alumnos agrupados en cuatro productoras: Leandro Acosta y Natalia Benitez (Boomerang Producciones), María Noel Martínez y Memphis No (Yoko Records), Andrea Ramírez Alcaraz y Nicolás Morales (Almendra Audiovisual), Fernando Ortigoza y Guido Ruiz (Mandanga Audiovisual).    Este documental fue estrenado el 19 de noviembre de 2018 en Corrientes capital. En diciembre del mismo año ganó el Festival "Guácaras" de Cine 100% Regional en la categoría universitaria, gracias a lo cual participó del Festival "Oberá en Cortos" en Misiones, donde recibió una mención especial en julio de 2019.    Las imágene...

Buscadores de bohemia.

   Todos los que quisimos ser creativos dijimos alguna vez que la muerte era la dicha a conseguir y jugamos con palabras a estar desahuciados. Después llegó la vida y nos enseñó las reglas del lenguaje y de ella misma. Descubrimos un poema que aprendimos de memoria, y nos comimos sus silencios al decirlo con ganas para los amigos en la mesa de un bar. Era noche de frío de septiembre, se parecía a un julio que pasó como tantos.    Cuando pasaron los años descubrimos la fruta madura que nos endulza la lengua y nos quedamos callados pensando de a poquito, sabiendo disfrutar. Aprendimos que el silencio también se disfruta, como la fruta puede ser dulce y que no hacía falta compañía para quitarle el sabor y guardarlo en la memoria.    Pero la vida no se queda para siempre en el mismo lugar. Hay otros para enseñarles de silencios, y también va por ellos, y quedamos rumiando los días en que éramos los poetas y poetisas que decían los versos en la mesa de un ba...